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Noviembre 7, 2020
Ante el reciente anuncio del Gobierno de México de una campaña nutricional con una historieta
que según informaron estará en las escuelas, en los libros de texto y se repartirán 30 millones
de la misma casa por casa, COMENZAR DE NUEVO, como organización no lucrativa dedicada
desde hace 21 años a la educación, prevención, investigación y tratamiento de los trastornos de
conducta alimentaria quiere expresar a través del presente comunicado su postura oficial en
relación con el tema citado.
La historieta se llama “¿Qué te estás tragando?”. Tan solo el título está lleno de estigma,
agresión, acoso, sesgo. El resto del cuento continúa en esta línea de infundir miedo, etiquetar y
hacer apología del estigma hacia el peso, la figura corporal y la alimentación.
Hay mucho qué decir al respecto, tal vez el fin va dirigido a un objetivo positivo: combatir una
enfermedad tan terrible como lo es la obesidad, sin embargo, el medio utilizado y el mensaje final
resulta dañino y problemático en diferentes niveles.
Empecemos por lo básico, el estigma sobre el peso es una INJUSTICIA SOCIAL y un problema
de SALUD PUBLICA. Un problema que visto desde esta caricatura se aborda de forma
reduccionista, dejando de lado temas tan profundos e íntimamente ligados a la obesidad y la
salud metabólica; temas como la desigualdad, la inseguridad alimentaria, la discriminación y la
intolerancia, entre otros de igual importancia que requieren abordajes humanos y efectivos,
alejados de discursos estigmatizantes que promueven todavía más culpa, intolerancia y
frustración ante una población que tiene vulnerada su salud en general.
El peso o la figura de una persona no definen el estado absoluto de salud de un individuo y sus
comportamientos cotidianos. Una persona con bajo peso puede tener una dieta de tan mala
calidad y ser tan sedentario como una persona en cualquier otro peso, sea alto o bajo, al igual
que personas con cuerpos grandes pueden tener definidos hábitos de auto cuidado que van
dirigidos a la salud. Las generalizaciones acerca de la salud de una persona o de sus hábitos
alimenticios, basadas en su peso o forma corporal, son una grave forma de estigma hacia el peso
y la figura.
Más de una década de investigaciones demuestran que el estigma sobre el peso daña a los
individuos y a la salud pública. Hacer que una persona se sienta mal consigo misma o generar
vergüenza no motiva a tener comportamientos saludables o hacer cambios duraderos. Por el
contrario, usualmente lleva a conductas alimentarias de riesgo, menos actividad física, depresión
y ganancia de peso (Puhl & Suh, 2015).
El estigma hacia el peso impacta negativamente la salud en todas las personas, y es
particularmente dañino en aquellos con cuerpos grandes. La gente que experimenta estigma
sobre el peso tiene mayores índices de depresión, ansiedad y suicidalidad. Además, el estigma
sobre el peso en los sistemas de salud y en los contextos de prácticas de actividad física impide
el acceso a estos, llevando a evitarlos o a retrasar severamente la atención adecuada. (Stripe,
2019).
Por encima de todo esto, sabemos con precisión que el estigma sobre el peso y la figura es un
factor de riesgo muy significativo para el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria.
Entre más mensajes negativos acerca del peso o la figura reciba una persona y los internalice,
es mayor la posibilidad de desarrollar un trastorno de la conducta alimentaria,
independientemente del peso que tenga esa persona. Desafortunadamente, estos mensajes de
estigma hacia el peso y la figura los recibimos diariamente de todos lados: los medios de
comunicación, en las escuelas, de los entrenadores, en los empleos, incluso de los mismos
profesionales de la salud física y mental. Cuando este estigma sobre el peso se ha internalizado,
genera una gran vergüenza y culpa en la gente. Y la vergüenza y culpa son probablemente los
más insidiosos en la persistencia del ciclo restricción/atracón característico de lo que
coloquialmente conocemos como “dietas” y por consecuencia de los estragos metabólicos que
empeoran el aumento de peso. Proceso que tiene un componente principalmente biológico y una
mínima, por no decir nula, influencia de la fuerza de voluntad. La buena noticia, es que nadie
nace odiando su cuerpo, y todo esto se aprende, así que de la misma forma se puede
desaprender, pero eso requiere mensajes muy diferentes al que nos transmiten con esta
ilustración.
Este estigma sobre el peso y la figura está tan internalizado en nuestra sociedad, que incluso
aquellos que luchan contra él, pueden perpetuarlo, aún con las mejores intenciones. Algo que
abunda en esa historieta es otra forma de perpetuar este estigma, es lo que llamamos fat-talk. El
fat-talk es esa conversación despectiva centrada en el peso y la figura corporal y que a menudo
es devaluatoria. Las investigaciones nos muestran que el fat-talk está asociado con insatisfacción
corporal, que eventualmente se asocia con conductas alimentarias de riesgo. Esto tiene muchas
consecuencias negativas sobre la salud como la baja autoestima, obesidad, comportamientos
poco saludables para el control de peso, uso frecuente de dietas de moda, ejercicio en extremo
a pesar de riesgo para la salud, fumar como un método para quitar el hambre, etc. Incluso,
quienes presentan estas conductas anormales con la alimentación, pueden tener las mismas
complicaciones físicas y psicológicas como si tuvieran un trastorno de la conducta alimentaria
aún sin tener todos los criterios completos de diagnóstico. Además, la contagiosidad del fat-talk
puede ser demasiado grave, si es dentro de un pequeño círculo de amigos y familia, tal vez
pudiera verse ahí frenado, pero cuando se tiene una posición de autoridad o profesional, el efecto
puede volverse devastador para la salud pública por lo que controlarlo conlleva una gran
responsabilidad. Finalmente, múltiples estudios han reportado consistentemente que el fat-talk
no promueve los comportamientos saludables acerca de la comida o el cuerpo. Debemos
enfocarnos en la salud, no en la apariencia. El fat-talk es básicamente la antítesis de los
comportamientos de salud y es algo que todas las políticas públicas de salud deberían combatir.
Según han reportado algunos medios, parte del motivo de esta campaña es por la asociación
que se ha hecho entre la obesidad y el covid-19. Aunque no hay una asociación causal
demostrada, aún suponiendo que esto fuera cierto, no hay nada que una persona que padezca
obesidad pueda hacer diferente a la demás gente en cualquier peso para protegerse en esta
pandemia. Lo único que puede y debe hacer es utilizar cubrebocas, mantener el distanciamiento
social, lavado constante de manos, autocuidado y evitar contacto con gente contagiada o caso
sospechoso. Además, hay mucha gente delgada sin ningún factor de riesgo, que ha fallecido por
covid 19 y hay mucha gente de cuerpo grande que ha padecido la enfermedad y se ha
recuperado. No es una enfermedad de gente que padece obesidad.
Y suponiendo que en algún momento se compruebe que la obesidad es un factor de riesgo para
covid-19 (y parece peligroso que se haga uso de información que no tiene aún evidencia científica
sólida detrás para justificar una campaña llena de estigma), centrarse en bajar de peso es una
estrategia repetidamente comprobada como inefectiva. Con las dietas de repetición y/o
restrictivas, la gente solamente logra entrar en el ciclo de dietas que eventualmente los lleva a
ganar más peso y a mayor estigma sobre el peso y la figura, así como el sostenimiento del afecto
negativo.
Un nuevo estudio publicado en septiembre 2020 por UConn Rudd Center for Food Policy and
Obesity y la Universidad de Minnesota mostró que los adultos jóvenes que experimentaron
estigma sobre el peso y la figura antes de la pandemia tuvieron niveles más altos de síntomas
depresivos, estrés y de comer como estrategia de afrontamiento, así como más posibilidad de
atracones durante el covid 19 comparado con aquellos que no experimentaron estigma.
De acuerdo con la Dra. Neumark-Sztainer, uno de los autores, sus hallazgos identificaron el
estigma sobre el peso, independientemente del índice de masa corporal, como un factor que
empeora los comportamientos alimentarios y el malestar psicológico en adultos jóvenes durante
esta pandemia. Además, estos riesgos incrementados, particularmente para atracones, indican
la necesidad de recursos de apoyo y educacionales para disminuir el impacto negativo del
estigma en los trastornos de la conducta alimentaria. En resumen, este estudio enfatiza la
relevancia del estigma sobre el peso y la figura durante la pandemia de covid 19.
Finalmente, recientemente Hunger y cols publicaron un estudio titulado “Una formulación basada
en la evidencia para adoptar políticas de salud incluyentes del peso”. En este, los autores
presentan evidencia de que los abordajes enfocados en la pérdida de peso y el monitoreo de
este son no solamente inefectivos sino dañinos para mejorar la salud; contribuyendo en última
instancia a peores resultados de salud mental y física mediados por el estigma hacia el peso y
la figura.
Probablemente nunca podremos erradicar los Trastornos de la Conducta Alimentaria e incluso
controlar la Obesidad, al menos no con lo que hasta ahora sabemos, y mientras la intención esté
centrada en erradicar ciertos tipos de cuerpos. No olvidemos que fundamentalmente, esto es
acerca de equidad, respeto y dignidad, independientemente del peso corporal.
Urgimos a las autoridades de salud a revisar el contenido de esta campaña, lanzar campañas
basadas en el estigma puede ser causa de lo que queremos evitar. Los invitamos a implementar
las intervenciones mucho más efectivas que existen para lograr introducir cambios de hábitos en
comunidades, que no van de la mano de generar estigma. A través de rediseñar las campañas
de forma incluyente, tomando en cuenta otros factores sociales más profundos que impactan
para la génesis de una enfermedad metabólica tan compleja puede ser lo que ayude a evitar
consecuencias negativas que corremos el riesgo de no poder corregir e incluso incidir en
aumentar las tasas de enfermedades devastadoras como lo son tanto los Trastornos de la
Conducta Alimentaria como la Obesidad, lo que podría impactar severamente en la calidad de
vida de varias generaciones.
Comenzar de Nuevo es una organización no lucrativa que se dedica desde hace 21 años a la educación
del público en general y entrenamiento de profesionales, entrenamiento e implementación de programas
de prevención como el Body Image Program, investigación clínica, recaudación de fondos para becas de
tratamiento y tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria y todas las enfermedades que los
acompañan desde la infancia hasta la edad adulta en hombres y mujeres. www.comenzardenuevo.org
Tels.: 81 8129 4683 y 4684 Correspondencia: Dra. Eva Trujillo eva.trujillo@comenzardenuevo.net
Referencias:
1. Deloitte Access Economics. The Social and Economic Cost of Eating Disorders in the United
States of America: A Report for the Strategic Training Initiative for the Prevention of Eating
Disorders and the Academy for Eating Disorders. June 2020.
2. Hunger, J.M., Smith, J.P. and Tomiyama, A.J. (2020), An Evidence‐Based Rationale for Adopting
Weight‐Inclusive Health Policy. Social Issues and Policy Review, 14: 73-107.
3. McClure KJ, Puhl RM, Heuer CA. Obesity in the news: do photographic images of obese persons
influence antifat attitudes? Journal of health communication. 2011;16(4):359-371.
4. Puhl RM, Peterson JL, DePierre JA, Luedicke J. Headless, hungry, and unhealthy: a video content
analysis of obese persons portrayed in online news. Journal of health
communication. 2013;18(6):686-702.
5. Puhl, RM., Lessard, LM., Larson, N., Eisenberg, ME., Neumark-Stzainer, D. Weight Stigma as a
Predictor of Distress and Maladaptive Eating Behaviors During COVID-19: Longitudinal Findings
From the EAT Study, Annals of Behavioral Medicine, Volume 54, Issue 10, October 2020, Pages
738–746
6. Puhl R, Suh Y. Health Consequences of Weight Stigma: Implications for Obesity Prevention and
Treatment. Current obesity reports. 2015;4(2):182-190.
7. The Rudd Center for Food Policy and Obesity, The Obesity Society (TOS), Obesity Action Coalition
(OAC), Obesity Medicine Association (OMA), and American Society for Metabolic and Bariatric
Surgery (ASMBS). Guidelines for Media Portrayals of Individuals Affected by Obesity. 2016.
8. Tomiyama AJ, Finch LE, Belsky AC, et al. Weight bias in 2001 versus 2013: contradictory attitudes
among obesity researchers and health professionals. Obesity (Silver Spring). 2015;23(1):46-53.
9. Tylka TL, Annunziato RA, Burgard D, et al. The weight-inclusive versus weight-normative approach
to health: evaluating the evidence for prioritizing well-being over weight loss. Journal of obesity.
2014;2014:983495.
10. Warren CS., Holland, S., Billings, H., Parker, A. The relationships between fat talk, body
dissatisfaction, and drive for thinness: Perceived stress as a moderator. Body Image. 2015; (9):
258-264; 2012.

Comments (8)

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